Los tambores de mi corazón
volvieron a sonar.
No fuerte.
No eternos.
Solo lo suficiente
para recordarme
que siguen ahí.
Creí que el silencio
era definitivo.
Pero apareciste —
con esa sonrisa intacta,
como si el mundo
no hubiera intentado romperte —
y algo dentro
dejó de estar en ruinas.
No fue un milagro.
No fue el cielo abriéndose.
Fue más simple:
verte bien
me devolvió el pulso.
Y entendí
que si esto es la vida a tu lado,
no necesito promesas de eternidad.
Me basta con que lata.
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Autor:
invictool (
Online) - Publicado: 23 de febrero de 2026 a las 22:33
- Categoría: Sin clasificar
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