Encontrarte en un Olimpo, de barro y gloria
con tus olas desnudas, golpeándome el pecho
inmersa en ese abismo, que cargas con tus celos
con la mirada perdida en la lejanía,
mientras tus dedos dibujan un silencio de piedra
sobre el horizonte azul, que no se acaba.
Es marchitar mi amor.
No te ofusques, porque,
Te siento metida en mis dedos,
cuando aspiro el humo espeso de tu aliento,
ese aire que huele a amor y ganas de vivir.
Y bebo de un sorbo el cáliz de tu cuerpo,
ese pozo secreto donde se revuelcan
el deseo y la ternura.
¿Sabes, pedazo de vida?
Ando mendigando el beso bruto de tu boca,
ese que sabe a mamei y zapote maduro,
para ver si me pierdo de una vez en tus grietas;
porque en tu cuerpo el ayer y el hoy
son una misma llaga abierta que no cierra,
un presente maldito y dulce,
sin orillas donde descansar.
Y esa risa tuya... esa risa no es luz,
es un relámpago de azufre
en mi noche sin rumbo,
un incendio que me avisa,
entre los matorrales,
que todavía estoy vivo
para seguir sufriendo tu ausencia.
Y en ese instante suspendido,
donde el mar respira tu nombre,
comprendo que amarte
es escuchar la eternidad
hablando en voz baja.
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Autor:
Roger (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 23 de febrero de 2026 a las 13:31
- Categoría: Amor
- Lecturas: 37
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, Mauro Enrique Lopez Z., El desalmado, Llaneza, Salvador Santoyo Sánchez, 🇳🇮Samuel Dixon🇳🇮, alicia perez hernandez

Offline)
Comentarios3
Preciado y genial tu hermoso poema estimado poeta y amigo Roger
Saludos desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
Recibo tus palabras como el rocío que despierta a los jardines del Norte. Es un honor que mis versos encuentren refugio en tu sensibilidad, tú que conoces bien el lenguaje de los pétalos y la nobleza de la tierra española.
Que esa rosa que te nombra nunca pierda su fragancia, y que nuestra amistad poética siga cruzando mares y distancias, unida por el hilo invisible de la palabra. Gracias por ser ese lector atento que le da sentido a mi canto.
Desde mi rincón Caribe al tuyo, te envío un abrazo fraterno y cargado de versos.
Muchas gracias estimado Roger Medina Guerra por tus elogiosas y sensibles palabras de amistad y aliento entre dos Patrias que bien se quieren.
Críspulo con un abrazo desde el Norte de España en Torrelavega tienes un amigo-
Saludos a toda tu gente
Estimado amigo Roger,
En mi forma de leer capto que tu poema no busca la comodidad del amor dócil; entra en él como quien atraviesa una zona sísmica. Hay una intensidad visceral, pero no gratuita: cada imagen nace de una experiencia emocional auténtica, sin ornato.
Me despierta cómo sostienes la contradicción sin resolverla: barro y gloria, dulzura y azufre, llaga y eternidad. No intentas suavizar el conflicto; lo nombras con valentía. Eso le da al texto una honestidad que no se fabrica.
Hay algo muy humano en esa conciencia de que amar no siempre redime, pero revela. Y cuando escribes “comprendo que amarte es escuchar la eternidad hablando en voz baja”, logras que la pasión trascienda lo corporal y se vuelva reflexión casi metafísica.
Tu voz aquí no es impostada ni ornamental: es carne que piensa. Y eso, en poesía, es un logro.
Un abrazo sincero,
—LOURDES
Poetas somos…
Querida Lourdes,
Leer tu lectura sobre mis versos ha sido, en sí mismo, un acontecimiento. Me conmueve profundamente la precisión con la que has sabido nombrar mis propias tensiones; a veces uno escribe a ciegas y es el otro quien termina de darle luz a lo que estaba oculto en el papel.
Me detengo en tu mención sobre la "zona sísmica". Tienes razón: no entiendo el amor —ni la escritura— como un refugio estático, sino como un territorio que nos obliga a perder el equilibrio para encontrarnos de verdad. Me honra que percibas esa falta de ornato, pues mi mayor ambición es que la palabra no sea un adorno, sino una herida abierta que, como bien dices, sostenga la contradicción entre el barro y la gloria.
Gracias por leer la "carne que piensa" y por devolverme una imagen tan honesta de mi propia búsqueda. Saber que esa frase sobre la eternidad resonó en ti, le da un sentido nuevo y compartido a mi soledad frente a la página.
Te envío un abrazo lleno de gratitud y admiración,
Roger
Hola Roger:
Asumo que hay ausencia en tus versos, eres emotivo, doliente, pero hay valentìa.
Entonces quiero saber más, cuanto MAR te separa, es una de mis
realidades, pero eso no es distancia, solo es un puente que tal vez los una.
dice Pessoa que el poeta es un fingidor y el mundo se quedó en esa frase y el poema
completo es este, uno de mis favoritos
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que en verdad siente.
Y, en el dolor que han leído,
A leer sus lectores vienen,
No los dos que él ha tenido,
Sino sólo el que no tiene.
Y así en la razón se mueve,
Para dar placer a la razón,
Ese tren de cuerda que mueve
Lo que llamamos corazón.
Por eso me leo dos o más veces el poema de un compañero
que es visceral, pero habla de eternidad y esa parte la tenemos
todos los poetas que amamos con sinceridad.
No es el mar una distancia, solo sè que se ama con el alma, es
lo divino, lo que no se toca , ni se palpas, es nuestra mente que juega
con nuestros sentimientos.
"La distancia no es un problema, el problema somos los
humanos que no sabemos amar sin tocar, sin ver o sin escuchar".
Gabriel García Márquez.
Es necesario la piel, el abrazo, pero si hay distancia sigo lo que dice Pessoa, las invento.
Sè feliz poeta y si estoy equivocada?? dimelo públicamente, yo lo entenderè y le servirá a otros.
Mis saludos cordiales y agradezco que hayas compartido este poema.
Estimada amiga de letras y de mar:
Tus palabras no me llegan como un simple comentario, sino como un puerto. Me lees con esa lucidez que solo poseen quienes han comprendido que la poesía no es un refugio, sino una intemperie compartida por los humanos.
Dices bien sobre la ausencia y la valentía, pues para asomarse al abismo del papel hace falta el coraje de quien sabe que puede caer en él. Si me preguntas cuánto mar me separa, te diré que el mar no es un muro, sino el espejo de lo que llevamos dentro: una inmensidad que a veces ruge y otras veces calla, pero que siempre, invariablemente, sostiene el puente hacia el "otro".
Sobre Pessoa, ese maestro de los espejos, creo que su "fingimiento" es, paradójicamente, nuestra verdad más desnuda. Fingimos que el dolor es solo verso para que el mundo pueda soportar su peso; pero al hacerlo, como bien notas, tocamos esa eternidad que nos iguala a todos los que amamos con sinceridad.
No estás equivocada, y lo digo aquí, frente al cielo abierto de estas letras: el alma no conoce de kilómetros. Tienes razón al citar a Gabo; nuestra tragedia humana es la sed de tacto, pero nuestra gloria poética es la capacidad de inventar el abrazo allí donde solo hay aire. Si la piel falta, el verso acaricia; si la distancia separa, la palabra une.
Gracias por leer mis versos "dos o más veces", por buscar el dolor que no tengo y por reconocer el que sí habita en mí. No hay distancia cuando dos mentes juegan al mismo juego de sentir.
Sigo inventando abrazos, sigo cruzando puentes.
Con mi más sincera gratitud y afecto,
Roger
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