Dices que soy un niño todavía,
que sé demasiadas cosas para mi edad;
lo afirmas con voz casi tranquila,
como quien dicta simple verdad.
Si niño es quien no vende su asombro,
quien mira la noche y la quiere entender,
entonces acepto ese nombre
sin prisa por contradecer.
Pero escucha lo que no se dice,
lo que no cabe en tu definición:
mi risa no nace del descuido,
nace de una vieja intuición.
He visto el peso de algunas sombras,
he dialogado con mi soledad;
no todo impulso es inocencia,
no toda luz es ingenuidad.
Puedo ser tierno cuando la noche
se inclina frágil sobre la voz;
pero también sé sostener el silencio
cuando el silencio exige rigor.
No soy mitad de nada inconcluso,
ni intento breve de madurez;
soy contradicción asumida,
soy lo que aprende y lo que es.
Si me nombras niño, sonrío;
no huyo, no niego, no huyo de mí.
Hay hombres que olvidan el asombro,
yo prefiero quedarme aquí.
Y si alguna vez dudas del fondo
de esta aparente ligereza en flor,
recuerda: lo completo no grita,
permanece…
con gravedad interior.
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Autor:
Cronista sin puerto (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 22 de febrero de 2026 a las 23:10
- Categoría: Carta
- Lecturas: 2

Offline)
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