El Cronista sin puerto

Un niño completo.

Dices que soy un niño todavía,

que sé demasiadas cosas para mi edad;

lo afirmas con voz casi tranquila,

como quien dicta simple verdad.

 

Si niño es quien no vende su asombro,

quien mira la noche y la quiere entender,

entonces acepto ese nombre

sin prisa por contradecer.

 

Pero escucha lo que no se dice,

lo que no cabe en tu definición:

mi risa no nace del descuido,

nace de una vieja intuición.

 

He visto el peso de algunas sombras,

he dialogado con mi soledad;

no todo impulso es inocencia,

no toda luz es ingenuidad.

 

Puedo ser tierno cuando la noche

se inclina frágil sobre la voz;

pero también sé sostener el silencio

cuando el silencio exige rigor.

 

No soy mitad de nada inconcluso,

ni intento breve de madurez;

soy contradicción asumida,

soy lo que aprende y lo que es.

 

Si me nombras niño, sonrío;

no huyo, no niego, no huyo de mí.

Hay hombres que olvidan el asombro,

yo prefiero quedarme aquí.

 

Y si alguna vez dudas del fondo

de esta aparente ligereza en flor,

recuerda: lo completo no grita,

permanece…

con gravedad interior.