Soy el sol,
condenado a brillar sin verte,
girando eternamente en un cielo
donde tu ausencia pesa más que mi fuego.
Soy el sol que ilumina al mundo,
pero vive en oscuridad por dentro,
porque ni toda mi luz alcanza
para tocar la suavidad de tu reflejo.
Soy la luna,
eterna viajera de la noche,
mirándote desde lejos
mientras el universo nos prohíbe coincidir.
Soy la luna que vive de tu luz,
pero no puede abrazarte,
porque si me acerco demasiado
tu amor me consumiría en llamas.
Somos el sol y la luna,
destinados a amarnos en silencio,
a cruzarnos solo en instantes fugaces
que el mundo llama eclipses.
Somos la historia que el cielo repite,
el amor que todos ven
pero que nadie comprende.
Quisiera tocar tu fuego sin arder,
quisiera que el tiempo se detuviera
en el segundo exacto
donde nuestras sombras se rozan.
Quisiera que el universo olvidara sus leyes,
que la distancia dejara de existir,
y que por una vez
el cielo nos permitiera ser uno.
Pero seguimos girando,
amándonos desde lejos,
siendo luz el uno del otro
sin jamás poder abrazarnos.
Poeta: Esequiel
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Autor:
esequiel Enrique Velásquez Salcedo (
Online) - Publicado: 21 de febrero de 2026 a las 01:00
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Online)
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