Consumo afectivo, farsa sentimental.

La Hechicera de las Letras

Consumo afectivo, farsa sentimental.

 

 Se apagó ya su mirada,
y el pesar, como consume,
la ausencia es tan exigente.
El alma va en su premisa
necesita un nuevo “ser”.
¿Se borra fácil el duelo?

La criatura es ojeada,
se disuelve y no lo asume,
el tiempo es indiferente,
la tarjeta hoy improvisa.
Suplanta sin trascender,
es amor sin desconsuelo.

Confundes lo que empoderas,
vaya nobleza vendida
por esta mascota amada,
lucrativa y pasajera.
El llanto solo rumor,
el capricho se diluye.

Fingir que adoras de veras
es la falacia adquirida,
la muerte ahora ignorada
por vínculo a la ligera.
No se mantiene el amor
otro animal sustituye.

Ansiosos por cercanía,
compran familia a destajo,
suman miseria afectiva,
la súplica es fraudulenta.
Toda exigencia es mezquina,
el corazón tienda humana.

Nada enseñó la agonía,
se recicla con relajo,
la carencia es relativa
y la vida se reinventa.
Al aire, el amor calcina
por la felicidad plana.

 

La Hechicera de las Letras.

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Comentarios6

  • Lincol

    Un poema crítico y directo que cuestiona el amor superficial y el reemplazo fácil de los afectos, mostrando cómo a veces se consume el cariño como si fuera algo desechable, sin asumir el verdadero duelo ni compromiso.

    Abrazos.

    • La Hechicera de las Letras

      Lincol, has captado bien la crudeza, pero debo precisar: este poema no habla de afecto en abstracto, ni de sentimientos genéricos. Habla de personas que tratan a sus mascotas como hijos o familia, pero con amor mecánico y pasajero. La falsedad de los vínculos afectivos con mascotas —esas criaturas que no preguntan, que no juzgan, que simplemente existen— revela: muchos humanos no aman, consumen. Buscan en lo vulnerable donde proyectar sus carencias, sus vacíos, allí confunden comodidad con compromiso, capricho con devoción.

      Claro que no es culpa de la mascota; el error está en el ente humano que convierte la relación en un entretenimiento, en un parche para su desahuciada soledad o su ego. Por extensión, esto refleja la naturaleza de los vínculos superficiales en la sociedad: afecto transitorio, ligereza disfrazada de amor, calor humano que se evapora con la primera incomodidad.

      El patrón es claro: cuanto más se busca consumo afectivo, más se sustituye el amor genuino por conveniencia. El afecto se vuelve efímero, las promesas vacias y la vulnerabilidad ajena se transforma en un juguete de emociones pasajeras. La lección —si el humano pudiera soportarla sin llorar su propia mediocridad— es que el afecto que no exige, que no desafía, que no compromete, nunca será más que un espejismo.


      La Hechicera de las Letras.

    • Nkonek Almanorri

      La muerte, y con ella la desaparición física, lo primero que busca es sustitución; el olvido viene después: los sentimientos determinan en cuanto tiempo...

      Saludos, compañera de letras.

      • La Hechicera de las Letras

        La mayoría posee una necesidad instintiva de reemplazo —algo humano y casi automático en la actualidad, la sustitución de lo perdido— y luego el olvido, que no es inmediato, sino dictado por la intensidad de los sentimientos. Con las mascotas la cosificación es camuflada de amor.

        Hay un dolor que no puede sustituirse porque no depende de objetos, comodidades o distracciones: nace de la pérdida irremplazable, de lo que fue único y consciente en nuestra vida. Ese dolor es como un corte en la realidad misma, algo que ninguna compañía, ninguna rutina ni ningún “reemplazo” pueden llenar.
        Es el sufrimiento de quien se fue y dejó un hueco que no admite sustitutos: un vínculo auténtico, una presencia irrepetible, un afecto que no se negocia ni se proyecta en otro. Lo demás —el consuelo, las ceremonias, los rituales, los objetos que ocupan su lugar— son solo anestesia superficial. La intensidad de este dolor es la medida exacta de lo que se amó de verdad.


        Los demás, en su prisa por llenar la carencia confunden nostalgia con apego y terminan reemplazando lo irremplazable con algo cómodo, aceptable, domesticado por la rutina social.

        Saludos Nkonek.

        La Hechicera de las Letras.

      • Javier Julián Enríquez

        Muchas gracias, por este gran poema, que en cuyas ideas formalmente objetivadas se refleja una crítica incisiva sobre la superficialidad de los vínculos afectivos en la sociedad actualmente. En este sentido, creo que el concepto de «consumo afectivo» y la noción de la «farsa sentimental» delinean el marco de una exploración que desentraña la fragilidad de las relaciones humanas, caracterizadas por su naturaleza transitoria y la constante búsqueda de gratificación inmediata. Así, se puede percibir que la primera estrofa, que presenta la imagen de una mirada que se extingue y un pesar que devora, introduce la noción de la ausencia como una imposición persistente. Por lo que el alma, en su exploración de una nueva identidad, se encuentra con el desafío de superar el duelo y la consiguiente incapacidad de procesar la pérdida. Esta situación conlleva una tendencia a reemplazar lo perdido en lugar de sanar emocionalmente. En su segunda estrofa, parece que la «criatura ojeada» se erige como un símbolo de la cosificación de los afectos, que representa la disolución del ser humano en la superficialidad y la incapacidad para asumir la realidad de sus vivencias. Además, el concepto de tiempo, percibido como un elemento indiferente, y la metáfora de la «tarjeta», que se utiliza de manera improvisada, pueden hacer referencia a la naturaleza efímera de las relaciones humanas y a la facilidad con la que se establecen y se disuelven los vínculos afectivos. A este respecto, creo que el concepto de «amor sin desconsuelo» pone de manifiesto una búsqueda de afecto carente de compromiso y profundidad. Ya si nos adentramos en la tercera estrofa, se profundiza en la crítica al establecer una analogía entre el empoderamiento y la «nobleza vendida» de una «mascota amada», que se revela como una relación mutuamente beneficiosa pero efímera. En ese marco, se diría que el llanto, reducido a un mero «rumor», y el capricho que se diluye, evidencian la falta de autenticidad y la superficialidad de las emociones. A este respecto, en la cuarta estrofa, la «falacia adquirida» de fingir adoración y la ignorancia de la muerte revelan la ligereza con la que se establecen los vínculos. Por su parte, el amor, que se muestra incapaz de mantenerse, es sustituido por otro sentimiento, lo que podría sugerir una reflexión sobre la naturaleza efímera de las relaciones. En esta línea, la quinta estrofa aborda la inquietud por la cercanía, que puede llevar a la adquisición de «familia a destajo» y a la acumulación de «miseria afectiva». Por ende, creo que la súplica fraudulenta y la exigencia mezquina son manifestaciones de una naturaleza humana que, lamentablemente, pueden ser interpretadas como una búsqueda de satisfacción de las necesidades emocionales de manera superficial. Finalmente, creo que la reflexión sobre la resiliencia y la reinvención de la vida, en conjunto con la apreciación de la complejidad de la existencia, desembocan en un amor que se manifiesta de manera sutil e irreal, toda vez que manifiestan una búsqueda de plenitud y serenidad. Considerando esto, el poema muestra la naturaleza transitoria y superficial de los vínculos en una sociedad que busca la satisfacción inmediata y el hecho de esquivar el dolor, lo que puede llevar a relaciones menos profundas y auténticas.
        Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio

        • La Hechicera de las Letras

          Javier, tu comentario es intelectualmente sólido, muy trabajado y claramente bien intencionado.

          Sin embargo, el poema no propone una reflexión general sobre los vínculos humanos ni una meditación compasiva sobre el duelo. Tampoco aborda la resiliencia, la sanación emocional ni la complejidad de la existencia como valores a rescatar. Eso es una lectura ajena al texto.

          Aquí se habla concretamente de las mascotas y de una práctica social precisa: personas que proclaman al mundo amar a sus mascotas como miembros de su familia, pero que, una vez muertas, las sustituyen con rapidez, sin duelo real, amparadas en un discurso sentimental prefabricado que encubre una lógica de consumo.

          La imputación no es la fragilidad emocional, sino la cosificación del vínculo. La mascota aparece como objeto afectivo: se adquiere para cubrir carencias, se exhibe como prueba de sensibilidad moral —incluso en plataformas virtuales— y se reemplaza cuando deja de cumplir su función.
          Por eso el texto habla de comprar familia, de nobleza vendida, de tienda humana. No es metáfora abstracta: es acusación directa. El “amor” que aparece en el poema es lucrativo, pasajero y utilitario.
          No hay tragedia, hay estorbo práctico. No hay pérdida irremplazable, hay urgencia por sustituir. El llanto es rumor, el duelo es fingido, la muerte se ignora.
          Aquí no se absuelve ni se explica: se expone. No se analiza la incapacidad de amar, sino la comodidad de usar.
          No se muestran conexiones frágiles, sino afectos desechables sostenidos por hipocresía social. Cuando el texto afirma que la vida se reinventa o que el amor calcina por la felicidad plana, no celebra adaptación alguna: señala la prisa con la que todo se recicla para no incomodar, para no detenerse, para no asumir responsabilidad afectiva.
          El verso “la tarjeta hoy improvisa” cumple una función clave y es fácil que pase desapercibida si se lee “bonito”.
          La tarjeta no es un objeto literal ni un adorno metafórico. Es el mecanismo de sustitución inmediata.
          Representa la compra sin fricción, la decisión sin duelo, el reemplazo sin espera, el animal como objeto.
          Cuando la “amada” mascota muere, no hay pausa, no hay elaboración, no hay vacío que se sostenga. Hay un gesto automático: pagar, adquirir, continuar.
          El talismán del consumo anula el tiempo. Por eso aparece junto a la idea de improvisación y de tiempo indiferente. Ese verso dice, sin decirlo explícitamente:
          “No hay que pensar, no hay que sentir demasiado. Basta con pasar la tarjeta y seguir.”
          No es pobreza emocional. Es comodidad estructural. La mediación del mercado convierte la pérdida en trámite.
          Deja al descubierto algo que casi nadie quiere admitir: que el afecto puede externalizarse al mercado, que el falso amor proclamado no resiste ni una muerte, que la relación funcional se sostiene mientras haya acceso, disponibilidad y reposición.

          Ese plástico es la prueba material de que el vínculo era reemplazable. No simboliza consumo en abstracto.
          Simboliza la facilidad obscena de renovación utilitaria.

          Si el amor se salda con una tarjeta, no era amor: era un servicio comercial, cómodo, reemplazable y sin duelo.

          La Hechicera de las Letras.

        • El Hombre de la Rosa

          Bello y genial tu gran versar estimada poetisa y amiga La Hechicera
          Saludos desde España
          El Hombre de la Rosa

          • La Hechicera de las Letras

            Mi versar Hombre de la Rosa es para señalar algo que pocos admiten: cómo muchos tratan a las mascotas como objetos de afecto reemplazables. Proclaman amor, pero cuando mueren, lo sustituyen de inmediato. Como dice el texto: “compran familia a destajo”. No hay duelo real, no hay presencia sostenida, solo indulgencia social estructural.

            La Hechicera de las Letras.

          • Antonio Pais

            La Hechicera de las Letras poeta: bueno hay que expresarte que ya no sepas la admiración por tu escrito desde ya siempre expresando una genialidad pues sobre el análisis una cátedra espectacular un abrazo grande en la distancia

            • La Hechicera de las Letras

              Antonio, tu apreciación es recibida. Mi poema nació para mostrar cómo el afecto puede volverse objeto y reemplazable, con mucha facilidad

              La Hechicera de las Letras.

            • Santiago Alboherna

              La gente reemplaza a los humanos x mascotas x egoísmo y comodidad. Tener un hijo o una pareja es mil veces más difícil y costoso, en todo aspecto. La mascota no pregunta, no cuestiona, recibe sin chistar. Infinito menos esfuerzo y trabajo. Hedonismo en su máxima expresión.
              Gracias x traer a escena una realidad tan nociva. Y de una manera tan bella, como es tu poema, talentosa Hechicera.

              Pax tibi, cara Maga, et lux, lux in tenebrisssss

              • La Hechicera de las Letras

                Poeta Carente, así son los humanos: buscan placer y facilidad antes que compromiso, proyectan afecto donde no exige esfuerzo y reemplazan lo que debería ser irremplazable. Con las mascotas, esto se hace evidente: se proclama amor, se exhibe sensibilidad moral, pero cuando mueren, se sustituyen al instante. El afecto se convierte en objeto, sustituible al antojo, sostenido por la ilusión de sensibilidad moral. La muerte no detiene la rutina, la pérdida se trata como trámite, y la gratificación inmediata prevalece sobre la presencia auténtica. Son seres que mienten con ternura mientras administran su egoísmo con sonrisa fingida, simulada y caduca.

                Pax, Poeta Carente, lux ostendat fallaces.

                La Hechicera de las Letras.

                • Santiago Alboherna

                  sacaste una EXCELENTE radiografía del alma posmoderna



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