No fue siempre así.
Hubo un tiempo
en que el amor era una llamarada
que no pedía permiso,
que subía por la sangre
como un animal sin riendas.
Todo era urgencia.
Todo era piel buscando piel
como si el mundo terminara al amanecer.
Pero el fuego no está hecho
para vivir eternamente en llamas.
Se vuelve brasa
o se vuelve ceniza.
Y un día, sin ruido,
la llamarada bajó la voz.
Ya no hubo vértigo,
ni promesas gritadas al viento.
Hubo mesa compartida.
Hubo cansancio apoyado en otro hombro.
Hubo silencios que no dolían.
El amor dejó de correr
y empezó a quedarse.
Ya no era hambre.
Era pan.
Ya no era incendio.
Era casa.
No ardía como antes,
pero calentaba más.
Y comprendí
que lo que no grita
no siempre se apaga.
A veces
ha echado raíz.
Antonio Portillo Spinola
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 19 de febrero de 2026 a las 13:17
- Comentario del autor sobre el poema: Es un poema que invita a reflexionar sobre cómo el amor cambia, pero no necesariamente muere: puede mutar en formas más silenciosas, estables y verdaderas.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 45
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, El desalmado, Santiago Alboherna, Mauro Enrique Lopez Z., Salvador Santoyo Sánchez, Mª Pilar Luna Calvo, JUSTO ALDÚ, Marie Paule
- En colecciones: ANTONIO PORTILLO SPINOLA.

Offline)
Comentarios4
Con tu bella pluma versas maravillosas palabras
Saludos de tu amigo Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
Exacto, el amor no siempre muere, a veces muta, y tenemos q acompañar e interpretar ese cambio ...
Genial. Qué manera tan hermosa de decirlo.
La forma que no quema
Un amor que perdura
Con mucho más ternura
En este nuevo esquema.
El amor en paz consigo mismo.
Saludo cordial desde Francia.
Marie Paule
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