La calma no grita,
no compite con el viento,
no busca ser vista.
Simplemente… permanece.
Es un lago sin prisa
que refleja el cielo
sin intentar poseerlo.
Es silencio que no pesa,
sino que abraza.
Cuando el mundo corre,
la calma camina.
Cuando el ruido exige,
ella escucha.
Habita en el pecho
como un faro encendido
que no necesita llamar la atención
para alumbrar.
La belleza de la calma
no está en lo que hace,
sino en lo que transforma:
la tormenta en aprendizaje,
la herida en pausa,
el miedo en claridad.
Es la fuerza que no presume,
la victoria sin aplausos,
la serenidad del alma
que ya no necesita probar nada.
Y en su silencio profundo
descubrimos algo eterno:
que el verdadero poder
no es dominar el mundo…
sino dominar el propio latido. ✨
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Autor:
Jhondy Algenys (
Online) - Publicado: 19 de febrero de 2026 a las 00:09
- Categoría: Sin clasificar
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