Todo era tan simple,
parecía que no había nada que mirar.
Ni siquiera veía el sol asomarse
entre los días iguales.
Hasta que un día, de repente,
sentí un aroma a menta recorriendo mi aliento.
Se escuchaban pasos a lo lejos;
aquellos pasos hacían retumbar mi pecho.
Corrí hacia mi ventana
y pude verte a lo lejos:
ojos grises como un día nublado,
cabello desordenado como el clima de esa tarde,
una chaqueta suelta
y en tus manos, un ramo de menta.
Qué icónico…
no eran rosas ni flores,
pero eso fue lo que llamó mi atención.
Sin una sola nota,
nuestros ojos se cruzaron
y un par de sonrisas intercambiamos.
Mi piel se puso tensa,
como si el frío hubiera aparecido en pleno verano.
Entre dientes dijiste:
—Un gusto en conocerla, vecina…
Y tras mi ventana
encontré a alguien capaz de pintar mis tardes,
de volverlas coloridas,
de hacerlas infinitamente divertidas.
Así fueron los días…
hasta que un día
me diste un beso en la frente
y me dijiste que me amabas.
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Autor:
star (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 18 de febrero de 2026 a las 14:10
- Categoría: Amor
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