El Cántico del Todo
Le mostré vanidoso
mis mejores partituras,
compases dorados,
notas que creía eternas,
ecos de mi grandeza.
Pero ella,
con una simple sonrisa,
levantó la mirada
y me regaló el canto humilde
de un pajarillo en la mañana.
Y entonces lo entendí:
todo mi arte era un susurro
al lado de esa sinfonía
hecha de viento,
de ramas,
de vida.
Porque el universo
no se encierra en partituras,
sino en el alma desnuda
de lo que canta
sin saber que canta.
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Autor:
R. (
Online) - Publicado: 18 de febrero de 2026 a las 00:41
- Categoría: Sin clasificar
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