La Misma Raíz

William26🫶



LA MISMA RAÍZ

 

Antes del beso fuimos orilla,

dos soledades queriendo hablar.

Tu risa abrió la puerta sencilla

donde mi invierno pudo entrar.

No hubo promesas ni juramentos,

solo la mesa… pan y verdad.

Y en lo pequeño creció el momento:

amor nacido de la amistad.

Nos floreció la misma raíz

en tierra honda del corazón.

Eres mi amor y también país,

mi casa abierta, mi dirección.

Si el mundo tiembla y se vuelve gris,

tu mano dice: «permanezco aquí».

Fuimos abrigo sin darnos cuenta,

luz encendida en lo natural.

Tu nombre vive donde se asienta

mi fe más simple y mi voluntad.

No sé en qué hora cambió la savia,

cuándo la rama se hizo querer…

Solo sé: tu voz me labra

un sitio claro donde volver.

Y si la vida nos parte el día,

y si el silencio quiere vencer…

Vuelvo a la misma semilla

donde aprendimos a florecer.

Nos floreció la misma raíz,

nunca supimos cuándo ocurrió.

Éramos dos y ahora hay un latir

que en ambos pechos se repartió.

Si el tiempo borra lo que escribí,

tu nombre sigue… creciendo en mí.

Creciendo en mí,

la misma raíz.

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CONFESIONES DE UN CURSI

 

Yo también escribí

“amor eterno”

con escarcha tipográfica.

También puse lunas

donde no había cielo,

y rosas

donde apenas había costumbre.

Le llamé “alma”

a un hábito compartido,

“destino”

a la pura coincidencia,

“para siempre”

a lo que duró

lo que dura el entusiasmo sin facturas.

Fui ese poeta

de balcón prestado

y metáfora en alquiler.

Mi amada entonces

no sudaba,

no discutía,

no tenía pasado digestivo

ni memoria incómoda.

La mantuve

en vitrina lírica,

alimentada con adjetivos de algodón.

Y aplaudían.

Oh, cómo aplaudían

mi ternura pasteurizada.

Yo servía corazones

en bandeja de rima fácil,

con jarabe de promesa

y una cereza de “siempre”

arriba.

Hasta que un día

el amor real

entró con la verdad en carne viva:

olía a cansancio,

a miedo,

a platos sin lavar

y a deseo contradictorio.

No rimaba.

Se sentó en mi poema

y dejó pelos,

silencios,

preguntas sin música.

Intenté corregirlo.

Le puse luna.

No funcionó.

Le puse rosa.

Se pudrió.

Le puse eternidad.

Se rió.

Entonces entendí:

yo no escribía amor,

escribía su souvenir.

Y quemé

mis jardines de utilería,

mis besos con luz de estudio,

mis “tú y yo contra el mundo”

de papel satinado.

Desde entonces

cuando escribo “amor”

me lavo las manos.

No por pureza:

por miedo.

Porque sé

que todavía puedo

volver a endulzarlo

para que me quieran.

Y ese —

ese que falsifica la herida

para volverla postal—

es el cursi

que aún me habita.

  • Autor: Wii (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 17 de febrero de 2026 a las 00:08
  • Comentario del autor sobre el poema: Convierto nuestra memoria compartida en música lenta y raíz viva. Este blues íntimo respira verdad cotidiana —mesa, pan, invierno, casa— y la vuelve territorio de nosotros. Nuestra historia se reconoce en cada verso: primero la amistad, luego la savia que sube sin anunciarse. Hay en lo que vivimos una ternura serena que no necesita grandilocuencia: basta tu mano que permanece. Mañana, al danzarlo, no celebro solo una fecha: celebro el milagro discreto de haberte encontrado y de haber florecido juntos desde la misma raíz. 🌹 Para ti con amor.🤫😉
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 13
  • Usuarios favoritos de este poema: Martha patricia B, Tommy Duque, Éusoj Nidlaj, El Hombre de la Rosa, Carlos Baldelomar, David Arthur
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