Me arrodillé, barro fui,
por un amor que no me vio.
Rompí mi orgullo ante tus pies,
y tú, altiva, lo pisoteó.
No fue el amor quien te cegó,
fue el placer de verme arder.
Gozaste con mi humillación,
bebiste mi llanto sin saber.
Que el agua que un día regó tu altivez,
ya no corre más por este terrón.
Yo era el río, tú la sed;
yo el yunque, tú el martilló.
Pero el hierro cansado de herir,
se vuelve acero, se vuelve perdón…
para uno mismo. Y aprendí:
que no hay peor cárcel que tu corazón.
No busco guerra ni perdón,
ni una palabra, ni un rencor.
Gasté mis días regando espinas,
convencido de que eran flores.
-
Autor:
Josephe, Denali, Dali. (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de febrero de 2026 a las 10:16
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 57
- Usuarios favoritos de este poema: Lucía gómez, El Hombre de la Rosa, Violeta, alicia perez hernandez, Salvador Santoyo Sánchez, Hernán J. Moreyra, Mauro Enrique Lopez Z., EmilianoDR, Ricardo Castillo., Sergio Alejandro Cortéz

Offline)
Comentarios2
Esplendida y generosa tu bella pluma estimado poeta y amigo José
Recibe un abrazo desde España
El Hombre de la Rosa
Ciento un declaratoria, una carta que se escribe con certeza de ser perdonado , me ecanta como te ha quedado saludos
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.