Tenías el alma grande,
como grande el cielo.
Tú risa era catarata de alegría
que hacía palmas
con las partículas del aire.
Sonaba como revuelo de ángeles
jugando a las canicas
sobre los cristales.
Con tus dedos
sacabas mariposas
de los gusanos que viven
en las cuerdas de la guitarra.
Nacías flores de tinta
de los papeles que entintabas.
Detrás de tus gafas
había un niño
hermanado a las estrellas,
un ser marino pisando tierra.
Eras el Mago de Copas
uniendo la tarde a la noche,
el amanecer a la comida,
un día a otro día.
Una riada de alcohol
nos arrastró a cada uno
por un acantilado,
al mismo mar
o alguno parecido:
mar sin vientos,
mar sin olas,
mar sin peces,
mar sin playas,
mar ensordecido
por cantos de sirena
con sordina.
Se nos rompieron las alas
contra los hielos de las copas,
sangraban tinta de flores las botellas.
Entre resacas y olvidos
te llegó la muerte,
a mí me pilló en otra orilla
y a tí, ahí mismo.
Te fuiste al otro mundo sin tabaco
y yo me quedé con el pésame
guardado en un bolsillo,
porque padres y demás familia,
ya no había.
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Autor:
Jobaga (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 15 de febrero de 2026 a las 19:29
- Comentario del autor sobre el poema: Dedicado a la muerte de un amigo y compañero de barra. Al que traicioné para hacerme alcohólico rehabilitado.
- Categoría: Amistad
- Lecturas: 1
- En colecciones: Obituarios.

Offline)
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