Le debo tanto a la ciencia y a la poesía.
Con ellas he aprendido a mirar el mundo
no como un sitio que se agota,
sino como un misterio que se renueva.
Sigo teniendo el asombro y la curiosidad de un niño;
todavía los insectos me revelan signos
y las noches constelaciones.
Sigo inclinando mi espíritu
ante la humildad de una hoja,
y ante el pulso de las estrellas.
Insisto:
le debo tanto a la ciencia y a la poesía, me han dado su lámpara y fósforo.
Sigo siendo ese niño
que mira un charco
como si fuera el universo
y que intenta medir la lluvia.
El mundo es una milpa que vuelve a brotar aunque la corte el tiempo.
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Autor:
Astronauta (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 15 de febrero de 2026 a las 12:43
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 2

Online)
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