No fui herido por un rayo,
ni marcado por un grito que partiera la casa.
Crecí en un silencio tibio,
donde el amor no se explicaba
pero estaba.
Aprendí a hablar hacia dentro
porque fuera no hacía falta.
Nadie me negó el abrazo,
pero tampoco me enseñaron
a ponerle nombre al temblor.
Fui niño de pensamiento temprano,
de preguntas que no molestaban,
de emociones administradas
como quien ordena herramientas.
No me rompí.
Me organicé.
Y así llegué al hombre
que analiza antes de llorar,
que decide con cautela,
que teme errar
porque aprendió a sostenerse solo.
No hubo un secreto.
Hubo clima.
No hubo abismo.
Hubo interioridad.
Hoy comprendo que mi historia
no estaba vacía:
estaba escrita en estructura.
Y si este es mi principio
—silencio cálido, mente despierta—
también será mi final:
un hombre que se entiende
sin necesidad de escándalo,
que se acepta sin inventar heridas,
que puede mirarse entero
y decir:
“No me faltó pasado.
Me faltaba narrador.
Y hoy me he contado.”
Aquí empieza.
Y aquí termina.
Antonio Portillo Spinola
-
Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 15 de febrero de 2026 a las 09:34
- Comentario del autor sobre el poema: Mi poema busca el equilibrio entre el consuelo de no saber y el dolor de no ser.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Hernán J. Moreyra
- En colecciones: ANTONIO PORTILLO SPINOLA.

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.