Tras
En ese presbiterio, de muro desolado
En la piedad ferviente, por tinieblas cristianas
En gran secreto oscuro, tras las clausas persianas
El voto de castidad resultaba olvidado.
Sin riesgo de castigo, a su vicio entregado
Un buen padre probaba la carne inmaculada
Tan inocente, ingenua, protegida por nada.
Pues violaba a la infancia, su objeto desnudado.
A su dios invocaba, en la siguiente misa
Clamando, sin vergüenza, su discurso insidioso.
El prelado informado quedaba imperturbable.
Niño martirizado, del suplicio la presa
Él soportará su cruz, perpetuamente ansioso.
Despreocupación muerta, y silencio
culpable.
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Autor:
Maríe Paule (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 14 de febrero de 2026 a las 03:42
- Comentario del autor sobre el poema: En este poema, sólo quiero denunciar lo que es, desgraciadamente, una REALIDAD, aunque sea violenta y sumamente incómoda de ver. Pienso que hay que romper el tabú, reconociendo la realidad y a sus víctimas. En ningún momento se trata de atacar una religión, ni de ofender a los creyentes. Dudé en publicarlo, pero las dos últimas palabras hablan por si mismas, me debo ser coherente.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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