Llora hasta que el alma ya no aguante más.
Llora hasta que la voz se quiebre
y el silencio sea lo único que quede contigo.
Llora sin esconderte,
porque hay dolores
que no se curan fingiendo que no existen.
Ora en silencio,
aunque sientas que nadie escucha.
Aunque el mundo siga girando
como si tu corazón no estuviera hecho pedazos.
Deséale el bien…
sí, deséale el bien,
aunque por dentro algo se desgarre.
Aunque tengas que sonreír
mientras por dentro te desmoronas.
Eso duele.
Duele como despedirse
sin estar listo.
Hay noches
en que el cuerpo se rinde.
En que los minutos pesan como años.
En que el aire no entra completo
y sientes que el mundo se te viene encima.
Te sientes pequeño.
Invisible.
Roto.
Y aun así…
sigues ahí.
Con los ojos hinchados.
Con el corazón temblando.
Pero sigues ahí.
Porque aunque hoy sientas
que ya no puedes más,
aunque el dolor te abrace
como si fuera eterno,
no lo es.
El alma no llora para morir.
Llora para vaciarse.
Y un día —no hoy, quizá no mañana—
vas a respirar profundo
sin que duela.
Vas a recordar
sin quebrarte.
Y ese mismo corazón
que hoy se rompe en silencio
latirá más fuerte,
más sabio,
más humano.
Llora.
Pero no te rindas.
Porque incluso en la noche más oscura,
sigues siendo luz
aunque todavía no lo veas.
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Autor:
MARIO GONZALES (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 13 de febrero de 2026 a las 10:52
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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