Soy habitante de mi cuerpo universal,
polvo de estrellas,
imagen terrena y etérea.
No hablo del mundo:
me nombro en él.
Cavernícola natural, tallo mi manto de lunas llenas,
médanos de viento, arena y sal.
Este cuerpo no me pertenece del todo:
me habita…
me habita.
Con los credos de Adán y la ternura primigenia en Eva,
serpiente y manzana colosal,
hambre del origen en el reino inaugural de la nada.
Cuando amo, regreso,
cuando beso, soy mundo,
cuando el cuerpo se nombra,
nace de nuevo el paraíso.
No soy Adán ni Eva,
pero soy raíz y origen.
Río y cordillera, Oriental, Central, Occidental.
Mi columna es el eje donde el mundo se yergue.
Geografía viva. Mapa que late.
Aquí pienso.
Aquí recuerdo.
Aquí dudo.
Aquí pienso.
Aquí recuerdo.
Aquí dudo.
Hombre y mujer,
forja de arcilla y maizal.
Pájaro, alondra, paloma torcaz,
arrullando a los hijos que vienen…
y se van.
No soy Dios,
pero amaso paraísos precarios con saliva, arcilla y abrazo.
Mezcla de dulce y sal…
si Dios nos llueve.
Cuando amo, regreso,
cuando beso, soy mundo,
cuando el cuerpo se nombra,
nace de nuevo el paraíso.
Nace de nuevo…
el paraíso.
Así te veo.
Desde los espejos.
Poema espejo que respira.
Cuando te beso, cuando me besas,
cuando amo, no peco:
regreso.
Y fundimos —con el cuerpo—
los tiestos rotos del nuevo paraíso.
Racsonando Ando / Oscar Arley noreña Ríos.
-
Autor:
Racsonando (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 21 de abril de 2026 a las 08:33
- Comentario del autor sobre el poema: En Cosmogonía del cuerpo, la palabra se vuelve origen. El poema no describe el mundo: lo encarna. Desde una voz que se reconoce como polvo de estrellas y materia terrestre, el cuerpo aparece como territorio fundacional, como eje donde convergen lo sagrado, lo humano y lo natural. El texto transita por símbolos primigenios —la figura de Adán y Eva, la serpiente, la arcilla, el paraíso— para resignificarlos en una experiencia íntima: el cuerpo como lugar de memoria, de deseo y de reconstrucción. No hay aquí una mirada externa, sino una afirmación profunda: el ser humano no habita el mundo, es mundo. Con un lenguaje de imágenes amplias y sensoriales —geografía, viento, cordillera, latido— el poema construye una cartografía viva donde pensar, recordar y dudar son actos corporales. En esa tensión entre lo efímero y lo eterno, el amor emerge como gesto fundacional: amar es regresar al origen, besar es rehacer el paraíso. Más que un poema, Cosmogonía del cuerpo es una experiencia de reconocimiento: un espejo que respira, donde el yo y el otro se encuentran para reconstruir, desde los fragmentos, un nuevo comienzo.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 24
- Usuarios favoritos de este poema: SienaR, Daniel Omar Cignacco, Salva45, CARMEN DIEZ TORÍO, JUSTO ALDÚ, Poesía Herética, Antonio Pais, Nelaery, El Hombre de la Rosa, Maxi Aristarán, Éusoj Nidlaj, Javier Julián Enríquez, Salvador Santoyo Sánchez, Lualpri, Violeta, racsonando, Rafael Escobar, alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios4
Muy buen verso libre amigo. Tiene profundidad y personalidad propia tu poema.
Saludos
Muy buen verso libre amigo. Tiene profundidad y personalidad propia tu poema.
Saludos
La poesia es la escritura soberana que la pluma escribe para el placer del que la escribe estimado Oscar
Recibe un abrazo de Críspulo desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
Cavernícola, de aquellos tiempos, en el reino de la nada.
saludos. buena música como siempre.
No eres adán, eres Racsonando, y andas
Saludos, Raczonas bien. Oscar Arly
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.