racsonando

¡Cosmogonía del cuerpo!

Soy habitante de mi cuerpo universal, polvo de estrellas,

imagen terrena y etérea. No hablo del mundo: me nombro en él. 

Cavernícola natural, tallo mi manto de lunas llenas,

médanos de viento, arena y sal.

Este cuerpo no me pertenece del todo: me habita… me habita.

Con los credos de Adán y la ternura primigenia en Eva,

serpiente y manzana colosal,

hambre del origen en el reino inaugural de la nada.

 Cuando amo, regreso,

cuando beso, soy mundo,

cuando el cuerpo se nombra,

nace de nuevo el paraíso.

No soy Adán ni Eva, pero soy raíz y origen.

Río y cordillera, Oriental, Central, Occidental.

Mi columna es el eje donde el mundo se yergue.

Geografía viva. Mapa que late.

Aquí pienso. Aquí recuerdo. Aquí dudo.

Aquí pienso. Aquí recuerdo. Aquí dudo.

Hombre y mujer, forja de arcilla y maizal.

Pájaro, alondra, paloma torcaz,

arrullando a los hijos que vienen… y se van.

No soy dios,

pero amaso paraísos precarios con saliva, arcilla y abrazo.

Mezcla de dulce y sal… si Dios nos llueve. 

Cuando amo, regreso,

cuando beso, soy mundo,

cuando el cuerpo se nombra,

nace de nuevo el paraíso.

Nace de nuevo… el paraíso.

Así te veo. Desde los espejos.

Poema espejo que respira.

Cuando te beso, cuando me besas,

cuando amo, no peco: regreso.

Y fundimos —con el cuerpo—

los tiestos rotos del nuevo paraíso.

 

Racsonando Ando / Oscar Arley noreña Ríos.