Crónica de una mente que renace y muere

karonte

No amanecemos:
despertamos heridos.
Con la conciencia llena de esquirlas
y el cuerpo obedeciendo por costumbre,
como un soldado que ya no recuerda
por qué sigue en pie.


La añoranza no es nostalgia,
es un músculo tenso:
el recuerdo de cómo era respirar
sin contar los latidos,
sin medir los pensamientos
como si fueran cuchillas.


Queremos recuperar la salud mental
como quien busca agua
en una tierra que antes fue fértil.
No pedimos euforia,
solo silencio interno,
solo una noche sin emboscadas.

 

Cada día se parece a una batalla,
pero no épica.
No hay trompetas ni victorias claras.
Hay trincheras invisibles:
el miedo,la culpa,
la duda que regresa puntual
como una alarma maldita.


El sufrimiento no grita,
susurra.
Se sienta a nuestro lado
cuando fingimos normalidad,
cuando trabajamos,cuando sonreímos
para no preocupar a nadie.


Mes tras mes aprendemos a resistir
con lo mínimo: una respiración profunda,
una mano firme, un pensamiento que no se rinde
aunque tiemble.


El año no pasa:
se acumula.
Y aun así, seguimos aquí,
con la esperanza herida
pero viva, creyendo aunque cueste
que la mente también puede sanar
como sanan los huesos,lento,
con dolor, pero con memoria de fuerza.


Porque quien lucha por su salud mental
no es débil: es alguien que ha visto el abismo
cada mañana y, aun así,
decide volver a intentar
vivir.

  • Autor: Loiiz. (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 11 de febrero de 2026 a las 10:49
  • Comentario del autor sobre el poema: Este texto no nace de la metáfora, sino de la repetición. De escuchar una y otra vez la misma frase dicha con distintas voces: unas en silencio y unas gritando cayadas. Quienes viven la angustia y el sufrimiento mental cotidiano no buscan atención ni heroísmo. Buscan comprensión. Buscan palabras que no los invaliden, que no les digan “échale ganas” ni “todo está en tu cabeza”, porque precisamente ahí es donde duele. Muchos testimonios coinciden en algo esencial: la angustia no siempre tiene causa visible, no siempre responde a la lógica, y no siempre se puede controlar. Llega, sacude, se va… y deja una huella. El miedo no es al episodio en sí, sino a su repetición, a la incertidumbre, a la vigilancia constante del propio cuerpo y la propia mente. Este texto está dedicado a quienes aprenden a vivir con esa alerta interna, a quienes siguen trabajando, amando, criando, creando, aun cuando por dentro libran batallas silenciosas que nadie ve. A quienes se cansan, recaen, se levantan y vuelven a intentarlo sin aplausos. No escribo para ofrecer soluciones ni promesas. Escribo para acompañar. Para decir: no estás exagerando, no estás solo, no estás roto. Lo que te pasa tiene nombre, tiene peso y merece respeto. Si estas palabras logran que alguien se sienta menos aislado, menos incomprendido, entonces este texto ha cumplido su propósito. A veces, saber que otros también resisten es suficiente para seguir un día más
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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