Hay un niño que llueve,
que gotea su auxilio sobre el polvo,
su llanto es un pequeño animal herido,
un ruidito de cristal que se rompe en pedacitos de alma
colmando el espacio de ausencias
como un desierto que mastica el silencio
Un hombre se detiene,
escucha el naufragio en la garganta del pequeño,
y busca, rebusca, escarba, en la ceniza de la lengua,
las palabras que no fueron violadas por el paso de los años,
palabras para rescatar a los pájaros
que vuelan por ahí,
libres entre los sueños del niño
Pájaros que vuelan en un coro de voces,
Pájaros que son tierra y son cielo,
Pájaros que son palabras sublimes, terrenales, divinamente humanas,
que cantan la libertad como quien inventa un fuego en la nieve,
y celebran el futuro con una sílaba que abre el vientre del mundo
¿Acaso no escuchas?
Hay un niño que me llovizna su auxilio,
un hijo solo, que solloza sus pedacitos de alma
contra el pecho del anciano
Un hijo que libera los pájaros, sublimes y terrenales
Que implora entre sollozos que le devuelvan el cielo
para volar con el barro, con las manos sucias
las de sembrar los sueños
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 10 de febrero de 2026 a las 11:15
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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