José Luis Barrientos León

Dario y el oficio de los pájaros

Hay un niño que llueve,

que gotea su auxilio sobre el polvo,

su llanto es un pequeño animal herido,

un ruidito de cristal que se rompe en pedacitos de alma

colmando el espacio de ausencias

como un desierto que mastica el silencio

 

Un hombre se detiene,

escucha el naufragio en la garganta del pequeño,

y busca, rebusca, escarba, en la ceniza de la lengua,

las palabras que no fueron violadas por el paso de los años,

palabras para rescatar a los pájaros

que vuelan por ahí,

libres entre los sueños del niño

 

Pájaros que vuelan en un coro de voces,

Pájaros que son tierra y son cielo,

Pájaros que son palabras sublimes, terrenales, divinamente humanas,

que cantan la libertad como quien inventa un fuego en la nieve,

y celebran el futuro con una sílaba que abre el vientre del mundo

 

¿Acaso no escuchas?

Hay un niño que me llovizna su auxilio,

un hijo solo, que solloza sus pedacitos de alma

contra el pecho del anciano

Un hijo que libera los pájaros, sublimes y terrenales

Que implora entre sollozos que le devuelvan el cielo

para volar con el barro, con las manos sucias

las de sembrar los sueños