Acá, junto a la parada
del transporte colectivo
levanta el vuelo ágil, majestuoso
un ave de presa, un gavilán.
Su traje de levita emplumada
es marrón cenizo
y en las puntas de sus alas
crema u ocre,
el hollín de la ciudad
no me permite distinguir la diferencia.
Esta ave es hermosa y lo sabe
sé que es macho porque canta su hidalguía,
en voz alta me recuerda:
yo soy el amo del aire
ustedes, los caminantes,
son súbditos humildes de mi reino
mi reino de hojas, tallo, ramas
y tendido eléctrico.
Su hembra vuela a poca distancia,
no busca el protagonismo
es mansa y dócil
pero no la creo sumisa.
Imagino que para ser pareja suya
debe ser igual de fuerte,
igual de independiente
cazadora consumada
libre y autónoma.
Siempre he sentido una envidia profunda
hacia todos los volátiles:
aves, ardillas voladoras, murciélagos,
ícaros y alas delta.
Debo conformarme con la tierra
no poseo alas y desearía tenerlas,
ver por debajo de mi la vida pasar
y sentir que mi reino son las alturas
no este rodar de pies o de llantas
lastimando mis rajas existenciales.
Un poco más arriba
la luna todavía visible
y pálida me escucha
su rostro tiene un velo
que cubre la mitad de su cara,
me asegura sin incomodarme:
al menos ya no quieres llegar
hasta donde estoy
como antes lo hacías,
soñando que visitabas
mi plateada desnudez
y mi embrujador encanto
de hechicera, maestra y nodriza.
OLLIN
09/02/2026
-
Autor:
Ollin (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de febrero de 2026 a las 14:20
- Comentario del autor sobre el poema: Desde que anidan esos gavilanes cerca de mi edificio mi vida se ha puesto interesante.
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez

Offline)
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