Carolina Ugas Pazos

Dueño del aire

Acá, junto a la parada

del transporte colectivo 

levanta el vuelo ágil, majestuoso

un ave de presa, un gavilán.

 

Su traje de levita emplumada

es marrón cenizo

y en las puntas de sus alas

crema u ocre,

el hollín de la ciudad

no me permite distinguir la diferencia.

 

Esta ave es hermosa y lo sabe

sé que es macho porque canta su hidalguía,

en voz alta me recuerda:

yo soy el amo del aire

ustedes, los caminantes,

son súbditos humildes de mi reino

mi reino de hojas, tallo, ramas

y tendido eléctrico.

 

Su hembra vuela a poca distancia,

no busca el protagonismo

es mansa y dócil

pero no la creo sumisa.

 

Imagino que para ser pareja suya

debe ser igual de fuerte,

igual de independiente

cazadora consumada

libre y autónoma.

 

Siempre he sentido una envidia profunda

hacia todos los volátiles:

aves, ardillas voladoras, murciélagos,

ícaros y alas delta.

 

Debo conformarme con la tierra

no poseo alas y desearía tenerlas,

ver por debajo de mi la vida pasar

y sentir que mi reino son las alturas

no este rodar de pies o de llantas

lastimando mis rajas existenciales.

 

Un poco más arriba 

la luna todavía visible

y pálida me escucha

su rostro tiene un velo

que cubre la mitad de su cara,

me asegura sin incomodarme:

al menos ya no quieres llegar

hasta donde estoy

como antes lo hacías,

soñando que visitabas 

mi plateada desnudez

y mi embrujador encanto

de hechicera, maestra y nodriza.

 

OLLIN

09/02/2026