No todo lo que brilla es aurora,
ni todo lo que cae es ruina.
Hay semillas que duermen siglos
bajo la paciencia de la tierra.
El tiempo no corre:
educa.
Con mano invisible
corrige al impetuoso
y le enseña al río
a no romper sus márgenes.
Aprende el hombre
que no basta el genio,
ni el grito,
ni la espada.
Hace falta la ley serena,
la palabra justa,
el libro abierto
como una ventana.
La patria no nace del trueno,
sino del lento acuerdo,
del arado que insiste,
del aula que enciende
lámparas en la mente.
Más duradero que el bronce
es el hábito del bien.
Más alto que el poder
es el juicio que se mide.
Quien gobierna sin ciencia
edifica sobre arena.
Quien sabe sin virtud
levanta torres sin alma.
Por eso el tiempo enseña
con voz que no se oye:
no hay libertad sin orden,
ni orden sin conciencia,
ni conciencia sin estudio,
ni estudio sin amor
a la verdad que no grita,
pero permanece.
Y así, como el río al valle,
como la luz al día,
la razón alza su reino
no por fuerza,
sino por claridad.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 8 de febrero de 2026 a las 00:19
- Comentario del autor sobre el poema: * Este poema nace como un homenaje al espíritu de Andrés Bello, no en el sentido de imitar su estilo, sino de dialogar con su visión del tiempo, la educación y la civilización como procesos lentos y conscientes. Me inspiró su idea de que el progreso verdadero no se construye desde la estridencia, sino desde la razón, la ley, el estudio y la formación del juicio. Más que una evocación literaria, es una reflexión sobre valores que Bello consideraba esenciales: orden, conciencia, cultura y responsabilidad histórica, trasladados a una mirada actual.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Lualpri

Offline)
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