JUSTO ALDÚ

LA LECCIÓN DEL TIEMPO

No todo lo que brilla es aurora,

ni todo lo que cae es ruina.

Hay semillas que duermen siglos

bajo la paciencia de la tierra.

 

El tiempo no corre:

educa.

Con mano invisible

corrige al impetuoso

y le enseña al río

a no romper sus márgenes.

 

Aprende el hombre

que no basta el genio,

ni el grito,

ni la espada.

Hace falta la ley serena,

la palabra justa,

el libro abierto

como una ventana.

 

La patria no nace del trueno,

sino del lento acuerdo,

del arado que insiste,

del aula que enciende

lámparas en la mente.

 

Más duradero que el bronce

es el hábito del bien.

Más alto que el poder

es el juicio que se mide.

 

Quien gobierna sin ciencia

edifica sobre arena.

Quien sabe sin virtud

levanta torres sin alma.

 

Por eso el tiempo enseña

con voz que no se oye:

no hay libertad sin orden,

ni orden sin conciencia,

ni conciencia sin estudio,

ni estudio sin amor

a la verdad que no grita,

pero permanece.

 

Y así, como el río al valle,

como la luz al día,

la razón alza su reino

no por fuerza,

sino por claridad.

 

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