Te nombro en silencio,
porque decir tu nombre en voz alta
haría que el mundo se detuviera
a escuchar lo que mi pecho ya sabe.
Amarte no fue una decisión,
fue un accidente del alma,
una caída lenta
de la que jamás quise levantarme.
Llegaste como llegan las cosas eternas:
sin hacer ruido,
pero quedándote
en todos los rincones de mi vida.
Tus ojos aprendieron a leerme
cuando ni yo entendía mis propias heridas,
y en ellos encontré un hogar
hecho de paciencia y ternura.
A veces el amor duele,
no porque lastime,
sino porque es tan grande
que el corazón no sabe sostenerlo.
Te amo incluso en los días grises,
cuando el mundo pesa
y sonreír es un acto de valentía
más que de alegría.
Si me pierdo,
que sea en el camino de tus brazos,
porque ahí incluso el miedo
aprende a descansar.
No prometo perfección,
prometo quedarme,
aun cuando amar
signifique resistir tormentas.
Eres la calma después del llanto,
la fe cuando dudo,
la razón por la que sigo creyendo
en lo que no se ve.
Y si algún día el tiempo nos prueba,
que sepa que mi amor
no entiende de despedidas,
solo de permanecer.
Porque amarte es mi forma
más honesta de existir,
y aunque el mundo cambie,
mi corazón siempre sabrá volver a ti.
Poeta: Esequiel
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Autor:
esequiel Enrique Velásquez Salcedo (
Offline) - Publicado: 7 de febrero de 2026 a las 21:00
- Categoría: Amor
- Lecturas: 2
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