esequiel Enrique Velásquez Salcedo

Donde siempre vuelvo

 

Te nombro en silencio,

porque decir tu nombre en voz alta

haría que el mundo se detuviera

a escuchar lo que mi pecho ya sabe.

 

Amarte no fue una decisión,

fue un accidente del alma,

una caída lenta

de la que jamás quise levantarme.

 

Llegaste como llegan las cosas eternas:

sin hacer ruido,

pero quedándote

en todos los rincones de mi vida.

 

Tus ojos aprendieron a leerme

cuando ni yo entendía mis propias heridas,

y en ellos encontré un hogar

hecho de paciencia y ternura.

 

A veces el amor duele,

no porque lastime,

sino porque es tan grande

que el corazón no sabe sostenerlo.

 

Te amo incluso en los días grises,

cuando el mundo pesa

y sonreír es un acto de valentía

más que de alegría.

 

Si me pierdo,

que sea en el camino de tus brazos,

porque ahí incluso el miedo

aprende a descansar.

 

No prometo perfección,

prometo quedarme,

aun cuando amar

signifique resistir tormentas.

 

Eres la calma después del llanto,

la fe cuando dudo,

la razón por la que sigo creyendo

en lo que no se ve.

 

Y si algún día el tiempo nos prueba,

que sepa que mi amor

no entiende de despedidas,

solo de permanecer.

 

Porque amarte es mi forma

más honesta de existir,

y aunque el mundo cambie,

mi corazón siempre sabrá volver a ti. 

 

Poeta: Esequiel