La cuna primigenia de nuestro hijo
nunca quedó cubierta.
Tu semilla no se depositó.
No fue tu cuerpo,
no fue el mío,
ni el deseo del amor.
Fue la tierra y la semilla
mirándose saberse encontrar.
Mi vientre
aprendió a esperar sin ecos.
Tu semilla
aprendió a quedarse en promesa.
Y en ese umbral del vacío
aprendimos otra forma de fecundidad.
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Autor:
Isel (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 5 de febrero de 2026 a las 23:38
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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