Elizabeth Maldonado Manzanero

Fecundidad

La cuna primigenia de nuestro hijo
nunca quedó cubierta.

Tu semilla no se depositó.

No fue tu cuerpo,
no fue el mío,
ni el deseo del amor.

Fue la tierra y la semilla
mirándose saberse encontrar.

Mi vientre
aprendió a esperar sin ecos.

Tu semilla
aprendió a quedarse en promesa.

Y en ese umbral del vacío
aprendimos otra forma de fecundidad.