Vendí mi risa por pan y por miedo,
por no dormir con el hambre en los dedos.
La empaqué rota, sin brillo ni fe,
y al entregarla ya no supe reírme después.
Reí para jefes, vitrinas y aplausos,
con la garganta sangrando de pausas.
Cada carcajada fue un clavo más
hundido en la cara que aprende a actuar.
El dinero no cura, solo tapa,
no abraza, no escucha, no mata la culpa.
Paga sonrisas, compra la piel,
pero deja el alma en deuda cruel.
Mi risa ahora huele a cansancio,
a noches largas, a trago y a fracaso.
Ya no estalla, ya no libera,
se arrastra, se vende, se entrega entera.
Y cuando intento reír de verdad,
la boca obedece, el pecho no está.
Porque el precio más alto, aunque nadie lo diga,
es aprender a vivir sin tu propia risa.
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Autor:
Jhondy Algenys (
Offline) - Publicado: 4 de febrero de 2026 a las 20:02
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

Offline)
Comentarios1
Son etapas y circunstancias de la vida que se nos echa encima, la mayoría de las veces impuestas de mil maneras, por razones que no podemos ni sabemos rechazar: simplemente ocurren. Lo mejor es saber llevarlas primero y superarlas después. De esto también se aprende.
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