Como una súbita tormenta sin calendario.
Su mirada corría a la presencia de un galán.
Hambrientos sus labios corrieron a besarlo.
Como hiena deseosa, libidinosa muy carnal.
En distinto jardín, florecía, tácito, un tímido vergel.
Que siempre la pensaba, con el amor idóneo de su ser.
Todos los días, despojaba, pétalo a pétalo, una flor de su vestido.
Soñando con ella, deliraba, fantaseando, sin pensar que era cruel.
Ella llegó, saludando al incauto, con su profano perfume y pérfida miel.
Y Él, temblando torpemente, derramó su amor, como un pincel de verdad.
Si, ella lo merecía, debía contarle, sanamente al pobre; que es infiel.
Pero llorando, falsamente, le profirió, que era muy fiel y sin maldad.
El mirando al cielo, se arrodilló ante ella. Agradeciendo a Dios a plena voz.
Inesperadamente, cayó, enérgicamente, un magno rayo, que la partió en dos.
ÉL, llorando con rabia. Le grita al cielo. ¿Por qué a ella? Si era, mi gran amor.
Tan santa e idónea, que, sin vacilar, me entregó todo, su franco amor.
¿Por qué? ¿Por qué? Dios…
¿Quién me dice la respuesta?
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Autor:
Sierdi (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 4 de febrero de 2026 a las 02:03
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Online)
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