Sierdi

¿por qué? ¿Por qué?

 

Como una súbita tormenta sin calendario.

Su mirada corría a la presencia de un galán.

Hambrientos sus labios corrieron a besarlo.

Como hiena deseosa, libidinosa muy carnal.

 

En distinto jardín, florecía, tácito, un tímido vergel.

Que siempre la pensaba, con el amor idóneo de su ser.

Todos los días, despojaba, pétalo a pétalo, una flor de su vestido.

Soñando con ella, deliraba, fantaseando, sin pensar que era cruel.

 

Ella llegó, saludando al incauto, con su profano perfume y pérfida miel.

Y Él, temblando torpemente, derramó su amor, como un pincel de verdad.

Si, ella lo merecía, debía contarle, sanamente al pobre; que es infiel.

Pero llorando, falsamente, le profirió, que era muy fiel y sin maldad.

 

El mirando al cielo, se arrodilló ante ella. Agradeciendo a Dios a plena voz.

Inesperadamente, cayó, enérgicamente, un magno rayo, que la partió en dos.

ÉL, llorando con rabia. Le grita al cielo. ¿Por qué a ella? Si era, mi gran amor.

Tan santa e idónea, que, sin vacilar, me entregó todo, su franco amor.

 

¿Por qué? ¿Por qué? Dios…

¿Quién me dice la respuesta?