Te siento en el crujido de la silla vacía,
en ese plato limpio donde falta un aliento.
Patria, no eres mapa, eres la alcoba fría
y el zapato que espera, gastado por el viento.
Te están robando el nombre con leyes de ceniza,
nos quitan el derecho a la paz de la almohada;
veo a mis hijos yéndose, su adiós me coloniza,
mientras tu voz de madre se queda amordazada.
Pero mira sus manos: no son manos de olvido,
tienen la fuerza terca de la raíz que insiste.
Aunque el miedo sea un lobo que nos ha perseguido,
no hay noche que el coraje de un hijo no conquiste.
Ellos son el cemento de la casa mañana,
vienen con la mirada limpia de escombros viejos;
abrirán de un golpe cada cerrada ventana
y el sol de la justicia se verá en sus espejos.
No llores por el hijo que el umbral atraviesa,
llora por el silencio, pero apuesta a su brío;
porque ellos volverán a poner en la mesa
el pan de la libertad y el fin del escalofrío.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 3 de febrero de 2026 a las 14:32
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 52
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Salvador Santoyo Sánchez, EmilianoDR, ElidethAbreu, JUSTO ALDÚ, Nelaery, Mauro Enrique Lopez Z., JoseAn100, Gonzalo Márquez Pedregal, El desalmado, kiry, Ricardo Castillo., racsonando

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Comentarios2
Gracias Jose.
Que hermoso poema.
Que viva la bella Costa Rica.
Abrazos.
De lo que observo tu texto plantea una relación íntima entre patria y vida cotidiana, donde la nación se experimenta no como concepto abstracto, sino como ausencia, migración y desgaste doméstico. Las imágenes del hogar vacío y de los hijos que se van funcionan como evidencia emocional de una crisis social y política más amplia. La voz poética denuncia la pérdida de derechos y el silenciamiento, pero equilibra esa queja con una apuesta clara por las nuevas generaciones como agentes de reconstrucción. El cierre reafirma una visión de esperanza activa, donde el regreso simbólico de los hijos representa la recuperación de dignidad, justicia y pertenencia.
PURA VIDA vecino.
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