José Luis Barrientos León

Patria, mi mesa herida (Costa Rica 2026, poema 2)

 

Te siento en el crujido de la silla vacía,

en ese plato limpio donde falta un aliento.

Patria, no eres mapa, eres la alcoba fría

y el zapato que espera, gastado por el viento.

 

Te están robando el nombre con leyes de ceniza,

nos quitan el derecho a la paz de la almohada;

veo a mis hijos yéndose, su adiós me coloniza,

mientras tu voz de madre se queda amordazada.

 

Pero mira sus manos: no son manos de olvido,

tienen la fuerza terca de la raíz que insiste.

Aunque el miedo sea un lobo que nos ha perseguido,

no hay noche que el coraje de un hijo no conquiste.

 

Ellos son el cemento de la casa mañana,

vienen con la mirada limpia de escombros viejos;

abrirán de un golpe cada cerrada ventana

y el sol de la justicia se verá en sus espejos.

 

No llores por el hijo que el umbral atraviesa,

llora por el silencio, pero apuesta a su brío;

porque ellos volverán a poner en la mesa

el pan de la libertad y el fin del escalofrío.