¿Cómo se siente el poder?
Se pega como la suciedad,
se le acoplan las piedras,
pequeñas, azuladas,
a su suela.
Le pega un rubor
al humo,
porque sus labios
capitalizan:
saborea y metaboliza.
En su trabajo
hay una balanza.
Subordina a los suyos:
esas cabecitas
son bolsas sin valores;
acatan la ley
que los esclaviza.
Porque incluso
el mezcal en su mesa,
la loción amaderada,
la ceniza del cigarrillo,
lo hacen oler a poder.
Si tomo su puesto
y ejecuto una cláusula,
aplasto su jerarquía
contra mis suelas
y firmo con el humo
en su nombre.
Seguiré siendo yo,
a su burdo criterio.
La falda,
en vez del traje.
Su curaduría textil,
la premisa de portar
su buen nombre,
lo salvará.
En mi provincia
lo llaman corrupción.
Eso, ni aunque se limpie
la suela, reposa de vuelta
en los pisos.
Muere torciendo la ley;
la diplomacia, con gusto,
le financia la defunción.
Arrojarán siempre
sus cenizas de oro al mar,
antes de que las aspiren
los pobres.
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Autor:
Milagros Gomez (
Offline) - Publicado: 2 de febrero de 2026 a las 20:57
- Categoría: Sociopolítico
- Lecturas: 1

Offline)
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