Milagros Gomez

Antes de que las aspiren los pobres

¿Cómo se siente el poder?

Se pega como la suciedad,

se le acoplan las piedras,

pequeñas, azuladas,

a su suela.

 

Le pega un rubor

al humo,

porque sus labios

capitalizan:

saborea y metaboliza.

 

En su trabajo

hay una balanza.

Subordina a los suyos:

esas cabecitas

son bolsas sin valores;

acatan la ley

que los esclaviza.

 

Porque incluso

el mezcal en su mesa,

la loción amaderada,

la ceniza del cigarrillo,

lo hacen oler a poder.

 

Si tomo su puesto

y ejecuto una cláusula,

aplasto su jerarquía

contra mis suelas

y firmo con el humo

en su nombre.

 

Seguiré siendo yo,

a su burdo criterio.

La falda,

en vez del traje.

 

Su curaduría textil,

la premisa de portar

su buen nombre,

lo salvará.

En mi provincia

lo llaman corrupción.

 

Eso, ni aunque se limpie

la suela, reposa de vuelta

en los pisos.

Muere torciendo la ley;

la diplomacia, con gusto,

le financia la defunción.

 

Arrojarán siempre

sus cenizas de oro al mar,

antes de que las aspiren

los pobres.