Aquello fue antes de saberlo,
antes de nombrarlo,
antes de entender que hay presencias
que llegan sin aviso
y se quedan para siempre.
Aquello no pidió permiso,
se acomodó en el alma
como si ya conociera el lugar.
No hizo ruido,
no prometió nada,
simplemente estuvo.
Aquello fue calma en medio del temblor,
faro cuando todo era niebla,
palabra justa en el momento exacto
en que el silencio pesaba demasiado.
Aquello no exigió explicaciones,
entendió los silencios,
leyó las miradas,
abrazó incluso lo que dolía.
Aquello fue lealtad sin testigos,
cuidado sin aplausos,
amor que no necesita demostrarse
porque se siente.
Aquello fue quedarse
cuando irse era fácil,
creer
cuando todo dudaba,
sostener
cuando las fuerzas no alcanzaban.
Aquello no se mide en tiempo,
se mide en huellas.
Y dejó marcas suaves,
pero eternas,
en cada rincón del corazón.
Aquello no se nombra en voz alta,
porque al decirlo
se vuelve sagrado.
Y lo sagrado
no se grita:
se guarda.
Aquello fue verdad.
Aquello es.
Aquello será.
© 2026 Dani. Todos los derechos reservados.
Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra sin autorización del autor.
Dani
2/02/2026
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Autor:
Daniii (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de febrero de 2026 a las 17:49
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 12
- Usuarios favoritos de este poema: Nelaery, JUSTO ALDÚ, Mauro Enrique Lopez Z., racsonando

Offline)
Comentarios1
¿Aquello?
El Tao que puede ser expresado
no es el verdadero Tao.
El nombre que se le puede dar
no es su verdadero nombre.
Sin nombre es el principio del universo;
y con nombre, es la madre de todas las cosas.
Desde el no-ser comprendemos su esencia;
y desde el ser, sólo vemos su apariencia.
Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo
origen, aunque distinto nombre.
Su identidad es el misterio.
Y en este misterio
Se halla la puerta de toda maravilla.
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