Aquello fue antes de saberlo,
antes de nombrarlo,
antes de entender que hay presencias
que llegan sin aviso
y se quedan para siempre.
Aquello no pidió permiso,
se acomodó en el alma
como si ya conociera el lugar.
No hizo ruido,
no prometió nada,
simplemente estuvo.
Aquello fue calma en medio del temblor,
faro cuando todo era niebla,
palabra justa en el momento exacto
en que el silencio pesaba demasiado.
Aquello no exigió explicaciones,
entendió los silencios,
leyó las miradas,
abrazó incluso lo que dolía.
Aquello fue lealtad sin testigos,
cuidado sin aplausos,
amor que no necesita demostrarse
porque se siente.
Aquello fue quedarse
cuando irse era fácil,
creer
cuando todo dudaba,
sostener
cuando las fuerzas no alcanzaban.
Aquello no se mide en tiempo,
se mide en huellas.
Y dejó marcas suaves,
pero eternas,
en cada rincón del corazón.
Aquello no se nombra en voz alta,
porque al decirlo
se vuelve sagrado.
Y lo sagrado
no se grita:
se guarda.
Aquello fue verdad.
Aquello es.
Aquello será.
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Dani
2/02/2026