En cada oportunidad que se presente estaré con ustedes
Mientras haya vida habrá poesía
Hasta lo alto de la tenebrosa colina llegué
Después de caminar por días descalza
Tan solo envuelta por una túnica burda
La misma que denotaba mi estado de reo
La niebla todo abarcaba
Los espinos bajo mis pies ya no los sentía
En la cumbre un viejo torreón coronaba
Mas cualquier rincón mejor yo suponía
Comparado con mi celda estrecha y sombría
El torreón era antiguo
Deteriorado, solitario y oscuro
Era reflejo de intensos combates
La pesada puerta hallé abierta
Y reclinado sobre la mesa empolvada
Sin inmutarse su dueño al verme decía:
“He visto desde entonces tantas visiones
Pero consoladoras o fieras
Míseras o grandiosas
Al acercarse todas se esfuman”
Y entre esos muros hallé mi refugio
En esa tierra desolada y estéril
Donde el viento toda semilla arrastra
El resplandor de luna mi rostro acaricia
Pálidos rayos de sol mi vista iluminan
Hay en las noches serenatas de grillos
Y en mis labios, mi pecho y mi vientre
Una hoguera permanentemente encendida
“Han tocado desde entonces campanas
Pero sacras o belicosas
festivas o dolientes
Todas muy lejanas las oigo”
Y entre esos muros hallé melodías
En los pasillos silenciosos y tristes
De paredes decoradas con diestra elegancia
Ya carcomidas por la polilla y el moho
Hay voces que buscan paz y esperanza
En las alfombras raídas escucho los pasos
De quien llegara alegre y triunfante
En las baldosas astilladas del sótano
De quien se arrodilló humillado y sangrante
En lo alto de la tenebrosa colina
Hay espectros que ya no nos asustan
Ruinas que al conocerlas amamos
Hay leyendas que nunca se olvidan
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Autor:
Lourdes Aguilar (
Offline) - Publicado: 1 de febrero de 2026 a las 19:13
- Categoría: Gótico
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez

Offline)
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