Lourdes Aguilar

HAY LEYENDAS

Hasta lo alto de la tenebrosa colina llegué  

Después de caminar por días descalza 

Tan solo envuelta por una túnica burda 

La misma que denotaba mi estado de reo 

La niebla todo abarcaba 

Los espinos bajo mis pies ya no los sentía 

En la cumbre un viejo torreón coronaba 

Mas cualquier rincón mejor yo suponía 

Comparado con mi celda estrecha y sombría 

 

El torreón era antiguo 

Deteriorado, solitario y oscuro 

Era reflejo de intensos combates 

La pesada puerta hallé abierta 

Y reclinado sobre la mesa empolvada 

Sin inmutarse su dueño al verme decía: 

“He visto desde entonces tantas visiones 

Pero consoladoras o fieras 

Míseras o grandiosas 

Al acercarse todas se esfuman” 

Y entre esos muros hallé mi refugio 

En esa tierra desolada y estéril 

Donde el viento toda semilla arrastra 

El resplandor de luna mi rostro acaricia 

Pálidos rayos de sol mi vista iluminan 

Hay en las noches serenatas de grillos 

Y en mis labios, mi pecho y mi vientre 

Una hoguera permanentemente encendida 

 

“Han tocado desde entonces campanas 

Pero sacras o belicosas 

festivas o dolientes 

Todas muy lejanas las oigo” 

Y entre esos muros hallé melodías 

En los pasillos silenciosos y tristes 

De paredes decoradas con diestra elegancia 

Ya carcomidas por la polilla y el moho 

Hay voces que buscan paz y esperanza  

En las alfombras raídas escucho los pasos 

De quien llegara alegre y triunfante 

En las baldosas astilladas del sótano 

De quien se arrodilló humillado y sangrante 

 

En lo alto de la tenebrosa colina 

Hay espectros que ya no nos asustan 

Ruinas que al conocerlas amamos 

Hay leyendas que nunca se olvidan