Un roce basta,
y el mundo se incendia en silencio.
Tus pupilas claras
no saben de culpas,
pero esconden la tentación más pura.
Te miro,
y la duda es un abismo suave:
¿cómo puede el pecado
vestirse de luz,
y aún así arrastrarme tan hondo?
Eres la contradicción perfecta,
inocencia en la piel,
labios que murmuran redención,
y al mismo tiempo
me condenan al deseo.
El pecado tiene tu rostro,
pero tus ojos…
siguen siendo
la
excusa más divina.
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Autor:
R. (
Online) - Publicado: 1 de febrero de 2026 a las 10:44
- Categoría: Sin clasificar
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