El día no se oculta;
se ha cosido la pupila,
y la luz es un rumor
de gasas sucias.
De repente, un clic.
Un músculo absurdo
se contrae
y las calles vacías
se dinamitan
con la urgencia del tedio.
Las terrazas son trampolines
de humo y nicotina.
Ahí se sientan, sí,
los avatares con piel humana,
dispuestos al rito mordaz
de la conversación.
La cerveza no acelera el habla,
la licúa,
convierte la pena
en una babosa retórica.
Ya no son humanos;
son algoritmos
que ejecutan la función:
olvidar la existencia
mediante el ruido.
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 31 de enero de 2026 a las 11:55
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 2

Online)
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