Leoness

La dinamita lenta del olvido

El día no se oculta; 

se ha cosido la pupila,

y la luz es un rumor 

de gasas sucias.

De repente, un clic. 

Un músculo absurdo 

se contrae

y las calles vacías 

se dinamitan

 con la urgencia del tedio.

Las terrazas son trampolines 

de humo y nicotina.

Ahí se sientan, sí, 

los avatares con piel humana,

dispuestos al rito mordaz 

de la conversación.

La cerveza no acelera el habla, 

la licúa,

convierte la pena 

en una babosa retórica.

Ya no son humanos; 

son algoritmos 

que ejecutan la función:

olvidar la existencia 

mediante el ruido.