Sonetos de una noche fatídica

Yusti Pérez

Soneto del vals

Ambos con sumo afán lo hosco aguardábamos

y al fenecer el sol ya nuestras teces

convergían ansiándose con creces;

con nuestras niñas nos achuchillábamos.

 

Entonces, esa danza que augurábamos

más no la postergamos: tus empieces

táctiles de estuosas insensateces

imantáronme el toráx; nos fregábamos.

 

Bailamos, dóciles, por el salón.

Tanto anexionáronse nuestras palmas

que ya pretendían tierna inserción,

 

en la ajena e hirviente entraña, ambas almas.

Fue a través del vals que a mi habitación

advenimos: faustos como unas mialmas.



Soneto feroz

Tras el ingreso cerrose el acceso.

-En la álgida umbría permanecemos...

-¡Incítame a que el rincón alumbremos!

Chispa, chispa. Tras tu blusón travieso

 

me tendiste un aro tuyo ex profeso

y lo abarqué hasta alcanzar sus extremos

como lo hicieron tus bezos supremos

alrededor de mi pescuezo preso.

 

Te imité; y de esta guisa nuestros somas

casi nudos. ¡Oh! En dos submarinistas,

bajo el cinto y hacia los mil aromas,

 

nos tornamos y ¡ay...! ¡luego en absentistas

los tejanos! Sobre mi ser tus lomas

se abatieron y, mi lomo, entre aristas.



Soneto del guaipe

Albas sábanas ya íbamos surcando

en un retozo pleno de erotismo,

envuelto en susurros de harto lirismo

en que el deleite se iba apalabrando.

 

Cesó el vocablo y se fue amalgamando

lascivamente todo mi organismo

con el tuyo en enjambres de exotismo

y un sensual ente arácnido engendrando.

 

El artrópodo se contorsionaba

impeliéndose sin detenimiento

¡y cómo a la par este se captaba!

 

Su tan alborozado mecimiento,

que rijosa fruición nos insuflaba,

era asaz volcánico hostigamiento.




Soneto de la cumbre

¡Qué alentadora reciprocidad!

Con mil aúllos conminando fuimos

al hado para que los briosos mimos,

e impelentes, viesen continuidad.

 

¡Qué cadenciosa volubilidad!

Ante el delicioso compás asimos

su ritmo con hipidos, como hicimos

con nuestra intersecada agilidad.

 

No cesó la indómita incandescencia

con la cual tenté nuestra ebullición

mediante desenfrenada imprudencia.

 

Callé, de modo acelerante: acción

portome a la placentera opulencia,

mas ¡caí hasta en mí haber percatación!

 

Soneto precoz

En nuestro juego había una promesa

y entremedias la traviesa caricia,

pero acá precozmente la impericia

advino a causa mía con sorpresa.

 

Fue embarazoso; la atmósfera espesa

y tan injusta, egoísta delicia

que desacató la común leticia

y ultrajó prematura mayonesa.

 

Ruego un sutil perdón tuyo en el lecho,

que no merezco mayor concesión

ante tu cuerpo áureo e insatisfecho.

 

Cíñeme hondo con tu ígneo fogón

y enmascara el oprobio que cosecho

de tu torticera desilusión.

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  • Autor: Yusti Pérez (Online Online)
  • Publicado: 29 de enero de 2026 a las 17:49
  • Categoría: Erótico
  • Lecturas: 1
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