En nuestro juego había una promesa
y entremedias la traviesa caricia,
pero acá precozmente la impericia
advino a causa mía con sorpresa.
Fue embarazoso; la atmósfera espesa
y tan injusta, egoísta delicia
que desacató la común leticia
y ultrajó prematura mayonesa.
Ruego un sutil perdón tuyo en el lecho,
que no merezco mayor concesión
ante tu cuerpo áureo e insatisfecho.
Cíñeme hondo con tu ígneo fogón
y enmascara el oprobio que cosecho
de tu torticera desilusión.