Romance de la última hoja
En los albores del tiempo,
yo corría con brío de primavera,
como arroyo que despierta,
cuando el alba se renueva.
Y a mi lado un árbol joven
levantaba la copa densa,
verde estallido de júbilo
que el sol siempre festeja.
Crecimos juntos los dos,
en compañía verdadera;
yo, con risas que saltaban,
el árbol, con su copa inquieta.
Pero el tiempo, viejo sabio,
fue entrando con sus secuelas
despacio, como quien sabe,
que siempre todo final llega
Mis pasos se hicieron lentos,
más hondas fueron mis grietas,
y el árbol perdió en otoño
las hojas que el viento lleva.
Hasta que un día quedamos
frente a la rama más tierna:
una última hoja solitaria,
temblando en la luz postrera.
Yo la miré con silencio,
de plegaria que se acerca,
y en su temblor comprendí
la hondura de su propia senda.
La hoja aguantaba un soplo,
como un latido que espera,
y en su danza fatigada,
nos recordaba que el fin llega.
Así el tiempo, en su crepúsculo,
me preparó bien y sin tristeza:
y siento que mi morir es parte,
del don que la vida me entrega.
Y, cuando esa hoja caiga,
suave como cae una estrella,
entenderé que no es mi final,
sino… ¡que regreso a la tierra!.
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Autor:
Andres navarro garrido (
Online) - Publicado: 29 de enero de 2026 a las 09:55
- Comentario del autor sobre el poema: Compara la vida de las hojas de un árbol con la vida de un ser humano
- Categoría: Naturaleza
- Lecturas: 1

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