Ayer, cuando naciste,
y te tomé entre mis brazos,
me sentí única, especial,
me sentí orgullosa.
En mis manos sostenía
a una princesa pequeña,
un botón que algún día
florecería como rosa.
Una rosa hermosa,
de brillo singular,
con pétalos inmensos
que guardan fortaleza.
Con tallo firme y hojas verdes
que anuncian la vida que vendrá,
y raíces profundas
que guardan la sabiduría
de tu alma infinita.
Esa rosa eres tú, hija mía,
la que me llena de vida.
Te amo, mi pequeña,
crece tan grande como sueñes,
y nunca olvides
que mi amor será tu raíz.

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