La tristeza
es un cuervo sin ojos
posado en el reloj del pecho,
picoteando el tiempo
hasta dejarlo quieto.
Habita en habitaciones cerradas,
donde el aire aprende a doler
y los nombres pierden forma,
como velas apagadas con saliva.
No llora.
Oxida.
Convierte la esperanza en ceniza húmeda
y la fe en un eco que se arrastra.
En su altar no hay dioses,
solo promesas colgadas del cuello
y un corazón latiendo lento,
no por vida,
sino por costumbre.
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Autor:
Jhondy Algenys (
Offline) - Publicado: 27 de enero de 2026 a las 13:08
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Lira y Delirio by Apolo

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