Cuando el alma se fue, calló la tierra.
El aire, conmovido, se detuvo,
y un temblor me cruzó como una sierra
de fuego dulce, hondo y absoluto.
No hubo sombra, ni pena, ni frontera:
solo un rumor de vida que subía,
una corriente clara y verdadera
que el cuerpo ya no contenía.
Sentí su pulso arder dentro del mío,
como si el sol llorara desde dentro,
como si el llanto se volviera río
y el río se durmiera en su epicentro.
Comprendí que morir no es acabarse,
sino volver, desnudo, a lo que empieza,
dejar que el corazón pueda entregarse
a la raíz que todo lo atraviesa.
Y supe —en un silencio sin medida—
que quien se va no muere, se reparte,
que su fulgor sostiene nuestra vida
y su amor nos aprende a recordarte.
Antonio Portillo Spinola
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 27 de enero de 2026 a las 07:37
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 26
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, Mª Pilar Luna Calvo, ROBERTO. R, Anton C. Faya, Mauro Enrique Lopez Z.
- En colecciones: ANTONIO PORTILLO SPINOLA.

Offline)
Comentarios2
Y supe —en un silencio sin medida—
que quien se va no muere, se reparte,
que su fulgor sostiene nuestra vida
Saludos poeta Spinoport
Gracias Salvador, un saludo.
Excelente Antonio...
Gracias por compartir
Gracias por leerme , un saludo.
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